Si hacemos realmente balance del descalabro que la llamada crisis del ladrillo ha ocasionado en nuestra economía y analizamos la cola que aun trae, observaremos que la pirámide que sustentaba la gran, la extraordinaria, la magnífica estructura que desde hacía siglos mantenía el gremio de la construcción se desmorona, desde la cúspide a la base.
La carrera de arquitectura ya no es la panacea elitista que hace años mantenía el nivel más alto de una de las bellas artes. Pero toda expresión artística está vinculada a su tiempo y a su momento. Para los habitantes del mundo antiguo, el paisaje no representaba un entorno bucólico o relajante, era un lugar de trabajo condicionado por las inclemencias y fundamentalmente hostil. La arquitectura en esta época era defensiva y sobria.
Fueron los artistas del renacimiento quienes elevaron el paisaje a imperio de los sentidos, sobre todo en la pintura, esto supuso una auténtica revolución artística –el mundo oriental se había adelantado pero andaba apartado por barreras fundamentales-.
Por un tiempo la arquitectura como el resto de las bellas artes han vivido su momento de gloria, tal vez ficticio o alentado por la euforia descalabrada del delirio de grandeza del ser humano cuando tiene el síndrome del rey Midas –aunque su oro sea: “del que cagó el moro”-.
Ha durado poco, un nuevo Jinete del Apocalipsis se cierne sobre nosotros, se llama crisis. Se ha encaramado a los esqueletos de las ciudades, de los edificios y de las personas en forma de buitre carroñero que se va petrificando como un blasón siniestro de nuestro tiempo y el esplendor y la gloria de otros días se ensombrece como de una nube procedente del trozo que le falta a la capa de ozono…
Nadie lo había previsto, o tal vez sí, modernos S. Malaquías, Nostradamus o Calendarios Aztecas, pero en realidad no se hizo nada por remediarlo hasta que no se le han visto las orejas al lobo.
Me considero artista y esta recesión nos afecta a todos, he tomado la arquitectura por su íntima relación con el ladrillo y porque me toca de cerca.
Y es en la construcción, como en aquella Babel del Antiguo Testamento, donde reina la confusión. Se abandonan proyectos y se desaprueban planes o se les da carpetazo. El año pasado, sin ir más lejos, el gigante Dubai World con sus mega-construcciones, se declaró en quiebra y de ahí para abajo sobreviene la quiebra a todos los niveles. En nuestro país un 32% de los arquitectos titulados están en paro, muchos otros son “falsos autónomos “ con empleo precario, siendo la emigración una de las mejores perspectivas.
Pero si miramos atrás con naturalidad veremos que la historia de la arquitectura –como otras ramas del arte- ha tenido sus altos y sus bajos, sus más y sus menos. Por citar ejemplos, en el renacimiento los arquitectos tenían que lidiar el difícil toro del mecenazgo de nobles o eclesiásticos para conseguir financiación de una obra de categoría, siendo muy pocos los que destacaban, testimonio quedó del maestro Leonardo con los Sforza, en Turquía el gran Sinán con Solimán el magnífico y no digamos más recientemente como lo tendría Albert Speer con Hitler.
Pero de poco vale lamentarse, decía Albert Einstein que sin crisis no hay desafíos y sin desafíos la vida es una rutina. Ahora a los arquitectos se les presenta el desafío de cambiar el rumbo de la arquitectura, no hay que tirar la toalla y los artistas somos fajadores. Hoy en dia todo el mundo de la arquitectura está haciendo piña para levantar: Arquitectos sin fronteras, arquitectura sostenible, bioclimática, orgánica y sustentable, rehabilitación etc. Basta echar un vistazo a la exposición de arquitectura joven en el MOMA de New York, pensando mas en el que ha de vivir el edificio que en quien lo paga, por ahí deben ir los tiros, no dejarnos otra vez en manos de promotores y constructores sin escrúpulos que quieren solo sacar las “máximas habitaciones en menos espacio”, porque de lo demás ni hablamos…
Volviendo atrás de nuevo, el maestro Leonardo tras una epidemia de peste que asoló Milán diseñó un proyecto de ciudad dinámica y organizada saludablemente como un cuerpo humano –utópica, naturalmente- muchos otros siguieron los pasos de la búsqueda de un urbanismo que otros tachan como utópico el cual piensa en el individuo y sus relaciones con los demás y con la naturaleza. Ejemplos como Wright, Le Corbusier, Los soviéticos… y muchos otros que hoy en día trabajan e investigan por y para el bien de la persona y no por dinero.
En fin, la indignación, lógica de los jóvenes arquitectos debe estar encaminada a luchar por su futuro y construírselo ellos mismos con su conocimiento y su esfuerzo, años de historia los respaldan y nada más sublime en su esperanza que el Todopoderoso fuese llamado Arquitecto del universo.
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